NÉSTOR OJEDA

Vuelta prohibida / Presidenciables del PRI, reforma electoral y harakiri

Sea por amagos o amenazas, el PRI le anda abriendo la puerta a la reforma electoral de Andrés Manuel López Obrador, ciertamente una iniciativa que representa la restauración del modelo electoral que sostuvo a los gobiernos priistas autoritarios más de 70 años, hasta que la presión de la oposición y la sociedad tuvo como resultado la transformación del Instituto Federal Electoral en un organismo ciudadano y autónomo el 22 de agosto de 1996 y que hoy el Presidente y Morena quieren subordinar al gobierno.

 

Esta reforma pretende un organismo único electoral (con la falaz propuesta de elegir por voto popular de sus consejeros) y reducir de 128 a 96 el número de senadores y a 300 el de diputados elegidos éstos a través de listas plurinominales estatales con la evidente intención de ejercer control absoluto de los procesos electorales a través de los gobernadores y someter al Congreso de la Unión al Presidente y su partido Morena.

Pero lo irónico es que si el Partido Revolucionario Institucional apoya esta iniciativa, simplemente se estaría haciendo el harakiri, pues significaría su extinción como fuerza política y sin duda lo poco que queda de su estructura emigraría a otros partidos y su voto duro que por lo menos llega al 17 por ciento del electorado se diluiría ante su traición a la democracia y la independencia del árbitro electoral.

 

Sin duda, es una buena noticia que garantiza la estabilidad del PRI es que su dirigente nacional, Alejandro Moreno, dejó en claro que no buscará la candidatura presidencial y que enfocará sus esfuerzos y los de su partido a concretar una amplia coalición electoral que incluya no solo a Acción Nacional (PAN) y al Partido de la Revolución Democrática (PRD) sino también a Movimiento Ciudadano (MC), alianza que de concretarse estaría en posibilidad de disputarle la Presidencia a Morena y quitarle el control del Congreso.

 

Sin embargo, otros priistas, sin que se haya concretado ya esa amplia alianza, de plano ya se destaparon como precandidatos a la candidatura presidencial del PRI y la mayoría de ellos significarían no sólo un harakiri para el priismo sino para esa eventual coalición opositora.

 

Prácticamente todos los que se han destapado son producto de la burocracia priista, sin experiencia en el territorio ni contacto con las bases partidistas y la ciudadanía, por lo que no tienen perfiles competitivos para enfrentar al presidente López Obrador y al candidato o candidata de su partido.

 

Es el caso de la hoy senadora Beatriz Paredes, quien prácticamente todos sus cargos legislativos, diplomáticos y de gobierno han sido producto del dedazo, incluido el de gobernadora de Tlaxcala en 1992 y el de candidata a la jefatura de gobierno del entonces Distrito Federal donde resultó derrotada y quien, junto con la desaparecida María de los Ángeles Moreno, de plano entregó la capital del país a los entonces gobiernos del PRD.

 

O de Ildefonso Guajardo, ex secretario de Economía, un hombre talentoso sin duda y que si bien también tiene experiencia legislativa y de gobierno en una trayectoria de más de 30 años, no cuenta con el carisma y arrastre para sumar votos a la Alianza Va por México.

 

En las mismas anda Enrique de la Madrid, hijo del ex presidente Miguel de la Madrid Hurtado, quien tampoco ha ganado una elección de mayoría, fue diputado por la vía plurinominal y ha tenido una carrera burocrática que culminó como el último secretario de Turismo de Peña Nieto y que si bien es quien tiene la imagen más fresca, si eso fuera posible en el PRI, no es garantía de una candidatura presidencial ganadora.

 

Y qué decir del gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, que al igual que en su momento Beatriz Paredes se rindió ante el poder del gobierno en turno y hoy por hoy es visto como la quinta columna de AMLO y Morena dentro del PRI.

 

Así las cosas, tal parece que en vez de levantar el dedo, los suspirantes a la postulación priista, alzaron el wakizashi, el sable corto utilizado por los japoneses que se quitaban la vida haciéndose el harakiri.

 

Sin duda, a excepción del PRD,  fuera del PRI se ven perfiles y precandidaturas que se vislumbran como más viables para encabezar la alianza opositora con una candidatura presidencial realmente competitiva frente al candidato o candidata de López Obrador y Morena.

 

En  el caso del PAN el gobernador de Yucatán, Mauricio Vila o el de Querétaro, Mauricio Kuri. Del ex dirigente del PAN y ex candidato presidencial en 2018, si bien tiene un alto porcentaje de conocimiento en las encuestas, los propios panistas dicen que su postulación es imposible y sus aspiraciones “son más bien una mala broma”.

Del lado de Movimiento Ciudadano, su propio dirigente Dante Delgado ha mencionado a dos regiomontanos como sus cartas fuertes para lanzarse en pos de la Presidencia. Se trata del gobernador Samuel García y la sorpresa en las mediciones de preferencias electorales: el alcalde de Monterrey, Luis Donaldo Colosio Riojas, hijo del malogrado candidato presidencial priista asesinado durante un acto de campaña en Lomas Taurinas, Tijuana, el 23 de marzo de 1994.

 

Así las cosas, habrá que ver si el PRI no traiciona a la oposición apoyando en la Cámara de Diputados la reforma electoral autoritaria de AMLO y si realmente es capaz de impulsar y concretar una alianza total de la oposición para las elecciones federales de 2024 donde se disputa la continuidad o el freno a la llamada Cuarta Transformación y el equilibrio en el Congreso de la Unión.

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