MIGUEL ÁNGEL FERRER

Candados antifeministas

En el ya muy lejano año 1965 la mayor universidad mexicana, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) estableció que los títulos profesionales de las mujeres se expresaran en femenino: ingeniera, licenciada en Derecho, médica-cirujana, contadora pública, arquitecta. Y desde 1974 quedó establecido en la Carta Magna mexicana que “hombres y mujeres son iguales ante la ley”.

Los anteriores casos son un ejemplo del imparable e irreversible avance de la causa de las mujeres. Del triunfo, a veces lento pero constante, de la visión feminista del mundo y de la vida.

Hoy aparece ante nuestros ojos de modo claro y rotundo el repudio social a la violencia contra la mujer. Esta realidad, sin embargo, coexiste con expresiones de bárbara violencia contra la parte femenina de la sociedad, la que se ejerce centralmente en el hogar y es perpetrada, fundamentalmente, por el marido o “compañero sentimental”. Hasta donde hay estadísticas y estudios, se sabe que de cada diez feminicidios nueve son cometidos por el marido o compañero.

Para enfrentar este tremendo problema social hay quienes proponen mayores y más duros castigos al feminicida. Y así se ha hecho y se hace. Pero ya se sabe que la pura punición no resuelve el problema. Habría que ir a la raíz. Y aunque se trata de un asunto multifactorial, parece claro que la raíz del asunto se encuentra en la dependencia de la mujer con respecto al varón.

Dependencia económica, sobre todo. Depender del ingreso del padre, del marido o compañero es factor evidente en los hechos de violencia anti femenina. Pero existen otros factores como, por ejemplo, el matrimonio.

Deshacer una relación violenta es más fácil si no existe vínculo jurídico. El divorcio es un camino largo, tortuoso y doloroso. Es más fácil simplemente poner tierra de por medio sin temor a las consecuencias judiciales de esa decisión.

Para combatir el feminicidio parece necesario en consecuencia eliminar los candados que coartan la libertad de la mujer, que refuerzan su dependencia. En esta dirección van también las políticas de limitación de nacimientos y el aborto legal y gratuito: la maternidad es un candado.

Un candado soportable y hasta disfrutable si no es a la fuerza y si no hay que vivirlo en un contexto de violencia. Se sabe desde hace milenios que en épocas de guerra o de preguerra y de hambruna o de prehambruna se da una extendida limitación voluntaria de los nacimientos.

Miguel Ángel Ferrer

economiaypoliticahoy.wordpress.com

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